Puede que yo sea perezosa o que no tuviera tiempo, pero ya ha pasado más de un mes desde que hice unos 50 kilómetros en el Camino de Santiago.
Empezamos en Santo Domingo de la Calzada por la mañana, después de ver las gallinas, y caminábamos a Belorado para descansar y dormir. Allá, nos conocimos a unos peregrinos y la gente que trabaja en el albergue. Sábado era un día aun más difícil, porque enteramos de que el albergue en San Juan Ortega estaba cerrado porque el cura que lo cuidó se había muerto unos días anteriores. Esto significaba que nuestra caminata se extendió 3 km más para terminar en Ages.
Caminé la primera parte del día sola
, aprovechando de la oportunidad de pensar y re-pensar sobre varias cosas que me estaban afectando en la vida. Además, disfruté del paisaje de esta zona porque me recordó de Iowa (bueno, quizás con más colinas). Paramos para almorzar – fuet, queso, pan y chocolate, ¿qué más hay? Jaja – antes de conquistar LA CUESTA.
Para terminar el día, caminé con Julie
y después nos juntábamos con Ally y Kristen (peregrino de Atlanta). Tuve una experiencia muy cercana con la naturaleza que me da vergüenza y risa a la vez. Si me conoces, imagino que ya has enterado de esta historia. No hace falta decirlo aquí. Terminábamos en Ages, y nos quedamos en un albergue fantástico
Me gustó mucho toda la experiencia que tuve en estos dos días. Aunque no fuera tanto, era importante hacer un trocito del Camino para entender lo que hacían los peregrinos desde la Edad Media. Algún día quiero hacer la ruta entera, empezando en Roncesvalles hacia Santiago, y visitar a Finisterre y Muxia. Tal vez en mayo, después del programa, voy a hacer los últimos 100 km, para terminar la credencial y recibir la Compostela. Una cosa que más me gustó pero no me di cuenta de eso durante el viaje era que no necesitaba maquillarme o verme guapa cada día. Es una vida muy sencilla, de levantarte por la mañana con la meta de caminar 20 o 30 km más aquél día, sin tener prisa. Puedo imaginarme haciendo eso en la ruta.
Este viaje me hizo pensar en mi vida.
Era necesario. Casi nunca tengo tiempo libre en Madrid, una ciudad ruidosa y sucia, para pensar en lo que más me afecta de la vida. También, era un alivio salir de la ciudad y ver otro paisaje. Como escribí antes, me recordó mucho de mi estado natal, Iowa. Es un lugar bello y sabiendo que podía respirar profundamente sin fumar o llenar mis pulmones con contaminación me ayudó a relajar. Julie comentó en su bitácora que era difícil estar en Madrid el lunes después porque le deprimió; comparto este sentimiento. No sé, quizás es solamente que estoy acostumbrada a una vida más lenta, sencilla, relajada y tranquila que la gente que vive en una ciudad como Madrid.
Para resumir:
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Buena experiencia.
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Pensé mucho sobre mí misma y mi situación de vida.
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Disfruté de la naturaleza.
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Conocí a múltiples peregrinos interesantes que me inspiraron.
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Caminé casi 50 km sin una herida.
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Mejoré mi relación con los otros estudiantes.
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Dejé una parte de mi misma en un bosque.
Bueno. Seguramente la última no es tan importante. Pero te da risa y una anécdota fantástica para el futuro. “Conocí una vez a una chica que se llama Adrienne…”